El rey Muhamad VII, rey de Granada, fue sobre Alcabdat (hoy día Alcaudete) con mil caballos y doce mil de infantería, y tuvo  este florido ejército varios encuentros con los cristianos en que unos y otros pelearon con extremado valor y con igual varia fortuna: y como los muzlimes y los cristianos hubiesen  perdido los mejores caudillos y soldados, de común acuerdo trataron de apaciguarse y concertaron treguas por ocho meses, y envió el rey de Castilla y firmaron las treguas en su nombre, en el año 1408. En el tiempo de esta tregua, el rey Muhamad se sintió enfermo, de tan grave dolencia, que sus físicos desconfiaron de su salud y conocieron que el término de su mal era la muerte.

El rey Muhamad, con mucha repugnancia, lo creyó así, y muy al cabo de sus días y por asegurar la sucesión en su hijo al reino de Granada, ordenó dar muerte a su hermano Jusef, que estaba preso en en Xalubania(Salobreña).

Así que, cierto de su cercana muerte, que sólo Dios es eterno, escribió al alcalde de Xalubania una carta en que decía: “Alcaidetre Xalubania, mi servidor, luego que de manos de mi Arraiz Ahmad ben Xerac recibirás esta carta, quitarás la vida a Cid Juset, mi hermano, y me enviarás su cabeza con el portador, espero que no hagas falta  en mi servicio”.

            A la llegada del arraiz a Xalubania con esta orden, jugaba al ajedrez el príncipe Jusef con el alcalde de la fortaleza, sentado sobre precioso tapices bordados de oro y en almohadones de oro y seda, que en comodidad y tratamiento  vivía allí Jusef como principe. Luego que el alcalde leyó la orden, se inmutó y turbó sobremanera, porque la bondad y excelentes prendas de Jusef tenían ganados los corazones de cuantos le trataban.

 

            El arraiz daba prisa al cumplimiento de su mandería, y el alcalde no osaba dar parte al príncipe de tan cruel e inhumano decreto; pero conociendo la importancia de la orden y su cuidado en su turbación y semblante, le dijo Jusef:

            -¿Qué manda el Rey? ¿Trata de mi muerte? ¿Pide mi cabeza?.  Entonces el alcaide le dio la carta, y dijo Jusef al verla:

            Permíteme algunas horas para despedirme de mis doncellas y distribuir mis alhajas entre mi familia.

            Replicó el arraiz que no podía detenerse la ejecución, que por horas estaba tasado el tiempo de su vuelta.

            -Pues a lo menos acabemos el juego y acabaré perdiendo.

            La turbación del alcalde era tanta que no mudaba pieza con tino ni concierto, y el príncipe Jusef le avisaba su inadvertencias, cuando en aquel punto llegaron dos caballeros de Granada aclamando a Jusef y pregonado la muerte de su hermano Muhamad. Dudaba de su fortuna y apenas creía lo que pasaba, cuando la venida de otros caballeros principales aseguraron lo que habían dicho los dos primeros, y partieron a Granada muy apresuradamente. Su entrada fue magnífica y le salió a recibir toda la caballería.